CONVERSIÓN DE SAN PABLO

“Y sucedió que, al llegar cerca de Damasco, de súbito
le cercó una luz fulgurante venida del cielo, y
cayendo por tierra oyó una voz que le decía: Saulo,
Saulo, ¿por qué me persigues? Dijo: ¿Quién
eres, Señor? Y él: Yo soy Jesús, a quien tú persigues.
Pero levántate, y entra en la ciudad y se te
dirá lo que has de hacer. Y los hombres que le
acompañaban se habían detenido, mudos de espanto,
oyendo la voz, pero sin ver a nadie. Se levantó
Saulo del suelo y , abiertos los ojos, nada
veía. Y llevándole de la mano lo introdujeron en
Damasco, y estuvo tres días sin ver, y no comió ni
bebió” (Act. 9, 3-9).
Saulo se cambió el nombre por el de Pablo. Y en la
carta a los Gálatas dice: “Cuando Aquél que me llamó
por su gracia me envió a que lo anunciara entre
los que no conocían la verdadera religión, me fui a
Arabia, luego volví a Damasco y después de tres
años subí a Jerusalén para conocer a Pedro y a Santiago”.
Las Iglesias de Judea no me conocían pero
decían: “El que antes nos perseguía, ahora anuncia
la buena noticia de la fe, que antes quería destruir”.
Y glorificaban a Dios a causa de mí.
Apóstol San Pablo: que tu conversión sea como un
ideal para todos y cada uno de nosotros. Que también
en el camino de nuestra vida nos llame Cristo y
nosotros le hagamos caso y dejemos nuestra antigua
vida de pecado y empecemos una vida dedicada a la
santidad, a las buenas obras y al apostolado.
Si lo que busco es agradar a la gente, no seré siervo
de Cristo.

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